Archivo | febrero, 2012

El arte de coleccionar

20 feb

Siempre he creído que hay algo de mágico y romántico en eso del coleccionismo. ¿Qué tendrán cierto tipo de objetos que nos hace venerarlos y desarrollar hacia ellos una gran predilección y estima? Además, en la mayoría de los casos ni siquiera se trata de artículos caros y despampanantes sino, más bien, de elementos sencillos y cotidianos: dedales, imanes, llaveros, sobres de azúcar y servilletas de papel de bares y restaurantes, postales, y todo lo que se pueda imaginar, y es que cualquier cosa es susceptible de formar parte de una colección siempre que exista alguien para quien dichos objetos sean un auténtico tesoro.

El mío en particular lo conforman los marcapáginas, cuarenta y tres para ser más exactos. Mi historia de amor con ellos empezó cuando era una niña y me dedicaba a dibujarlos y crearlos yo misma, ya que los señaladores promocionales que le regalaban a mi padre con la compra de alguna novela nunca solían gustarme. Soy una apasionada de la lectura y de los libros en papel de modo que por extensión, los también llamados puntos de lectura siempre me han parecido unos objetos muy especiales.Con el paso del tiempo espero seguir aumentando la colección poco a poco pero de momento, os muestro todos los que he ido atesorando en los últimos años:

De arte y museos: del Museo Guggenheim – Bilbao, del Centro de arte Reina Sofía – Madrid (Muchacha en la ventana - S. Dalí), del Rijksmuseum – Ámsterdam (La joven de la perla – J. Vermeer), y del Museo del Louvre – París (Mona Lisa – L. Da Vinci).

De diferentes texturas: con dibujo de alfombra y comprado en El Corte Inglés, cosidos a mano y comprados en Bruselas y en piel, de Venecia.

De ciudades: con dos imágenes de Marruecos en los extremos, y Praga en el centro.

Con panorámica de la ribera del Duero en Oporto, con diferentes vistas de la ciudad de Caracas y con imagen de orquídeas, flores de gran presencia en Venezuela.

Colección Sorolla y su tiempo: Mi prima Esperanza - I. Zuloaga, Niña - J. Sorolla, Valenciana recogiendo naranjas - J. Sorolla, En la playa de Valencia – C. Pla y Entre naranjos - J. Sorolla.  

Relacionados con la literatura: con instantáneas de la Librería Lello & Irmao de Oporto, y con imagen de Ana Frank, adquirido por comprar el Diario de Ana Frank en la casa-museo de Ámsterdam.

De clips: en los extremos, dos regalos procedentes de Sudáfrica y en el centro, clip con pez comprado en Alehop.

De metal: del museo Van Gogh – Ámsterdam, un regalo adquirido en Guadalest de la marca Ras , con forma de lagartija y comprado en La Casa del Libro, regalo del Museo Chillida Leku, con forma de molino de Ámsterdam y con detalle de pingüino.

De madera: regalo de Mojácar, con forma de cuerpo, personalizado con mi nombre, y de Cáceres.

Con imán: de Anne Geddes, homenajeando el Fado y adquiridos en Oporto, y con lienzo de Sorolla, Retratos de Elena y María con trajes valencianos antiguos.

De peluche: princesa y dragón de Imaginarium, y elástico con muñeco de La Casa del Libro.

Hechos a mano: a la izquierda, imagen de Lyona por la canción de Love of Lesbian, La niña imantada, marcapáginas realizado por Crisdimar, la creadora de la cabecera de este blog. A la derecha, señalador pintado a mano y comprado en el Mercado Medieval de Orihuela (Alicante).

Mi colección es insignificante al lado de la de María Rosa, una bloguera cuyo bitácoras descubrí hace unos días y en el cual va recopilando todos los señaladores que va añadiendo a su extensísima colección. ¡Tiene hasta una habitación dedicada a sus marcapáginas! Os invito a visitar su blog, Punto de papel, ya que es una verdadera delicia.

También podéis visitar mi perfil en Pinterest, especialmente el board en el que he seleccionado “marcapáginas DIY (do it yourself = hazlo tú mismo) y otras joyas para los coleccionistas de puntos de lectura”.

Y vosotr@s, ¿coleccionáis marcapáginas o cualquier otro tipo de objeto?, ¿qué opináis sobre el arte de coleccionar?

1000 cosas maravillosas

7 feb

Hace algún tiempo descubrí gracias a un post de Kireei, un libro en el que su autor había recopilado todas esas cosas maravillosas del día a día, fortuitas o no, que le gustaban y le hacían un poco más feliz. Así, lo que empezó siendo una extensa lista en su web, 1000 Awesome Things, iniciada en 2008 y actualizada a diario desde entonces, se ha convertido en tres bestsellers internacionales: The book of awesome, The book of (even more) awesome y The book of (holiday) awesome.

Tal y como se explica en la web, cuando empezó a escribir en su blog la única pretensión de Neil Pasricha, el autor, definido por sí mismo como “un tío normal, con un trabajo de 9 a 5 en las afueras”, fue la de ir recordándose que las pequeñas y sencillas alegrías de la cotidianeidad pueden hacernos la vida más gratificante a pesar de la crisis económica, los conflictos mundiales o el calentamiento global. Su optimismo le ha servido además para ganar dos Webby Awards (el mayor honor en Internet según The New York Times), que su web forme parte del top 100 de PC Magazine’s Top 100 Sites y que él mismo haya sido uno de los conferenciantes de TED, la organización sin fines lucrativos que trata de divulgar las “ideas dignas de ser difundidas”.

Pero más allá de todos esos logros y premios, de Pasricha deberíamos envidiar su creatividad y su capacidad para, a pesar de todo, ver el vaso medio lleno y querer contagiar a todo el mundo de su positivismo. Así que, ¿por qué no nos dejamos contagiar?, ¿por qué no elaboramos una pequeña lista propia a la que ir añadiendo poco a poco todo aquello que logra sacarnos una sonrisa?

Yo ya he empezado la mía:

1. Encontrarme todos los semáforos en verde  al cruzar la ciudad y recorrer un largo tramo sin tener que detenerme. 

2. Estar escuchando la radio y que, de repente, pongan una de mis canciones favoritas. 

3. Despertarme súbitamente en mitad de la noche y darme cuenta de que aún puedo dormir unas cuantas horas más. 

4. Encontrar algún objeto que aprecio y que creía perdido.

5. Cruzarme con alguien desconocido que usa el mismo perfume que una persona muy especial para mi y acordarme mucho de ella.

6.  …


Café y letras en Oporto

1 feb

En mayo del pasado año visité Oporto, la segunda ciudad más importante de Portugal después de Lisboa, su capital. La verdad es que nunca había sentido siquiera curiosidad por conocerla, pero bastó con que una buena amiga estuviera estudiando en la cercana localidad de Covilha para que nos decidiéramos a hacer una escapada de cuatro días a la ciudad que da nombre a tan reconocido vino.

Antes de viajar a cualquier lugar, siempre me gusta bucear por Internet para identificar y localizar todos aquellos sitios que vale la pena conocer; además, tomo nota de las diferentes opciones de transporte que hay para ir de un lugar a otro, de los precios de entrada a museos y galerías o de la comida y los platos típicos que hay que degustar, y así elaboro una pequeña guía de viaje por cero euros, personalizada y adaptada a nuestros gustos y presupuesto.

En el caso de Oporto, además de visitar la pintoresca zona de la ribera del Duero, comer una francesinha, contemplar las vistas de la ciudad desde la Torre de los Clérigos y conocer el proceso de elaboración de los vinos en alguna de las bodegas de Vila Nova de Gaia (ciudad que se encuentra justo en la otra orilla del río), tenía claro que no podía marcharme sin pisar dos de esos idílicos lugares que esconden tras de sí grandes historias: el Café Majestic y la Librería Lello & Irmao.

El Café Majestic se encuentra en la calle Santa Catalina, el principal punto comercial de la ciudad, pero entre los bares, los establecimientos de souvenirs y las tiendas de las grandes marcas, su despampanante fachada no pasa desapercibida para ningún viandante. Abrió sus puertas en 1921 y era lugar de encuentro de intelectuales, políticos y todo tipo de personalidades de la alta sociedad portuense.

El salón principal está decorado con maderas nobles, ángeles de mármol, una recargada ornamentación y grandes espejos, de modo que cuando accedes a él parece que estás viajando casi un siglo hacia atrás en el tiempo. Pero, quizás lo más inquietante de esos lugares son todas las anécdotas de las que han sido partícipes esas paredes rosadas en sus casi cien años de historia: novelas que empiezan a gestarse en las mentes de los escritores habituales del café, amores platónicos y/o furtivos entre camareros y jóvenes de alta cuna, reuniones secretas de políticos y empresarios…

La Librería Lello & Irmao por su parte, se fundó en enero de 1906 y está considerada como una de las librerías más bonitas del mundo; además, en los últimos años se han rodado en ella algunas escenas de las películas de Harry Potter, otorgándole así una mayor fama.

Su fachada blanca es de estilo neogótico y está adornada con fitografías, el nombre del propio establecimiento y dos figuras pintadas que simbolizan el arte y la ciencia.

En su interior los protagonistas son los libros, recopilados en un fondo bibliográfico de más de 80.000 obras, y la madera, tallada minuciosamente, que proporciona calidez y señorío a toda la estancia y da lugar a una impresionante escalinata. En los pilares se distinguen los bustos de insignes hombres de letras como Guerra Junqueira , y en el techo, coronando el local, se erige una amplia vidriera con el lema de Lello & Irmao, “Decus in labore”.

Hubiese podido pasar horas y horas indagando en cada rincón de esta librería y haciendo fotos desde cada ángulo, pero como no estaba permitido hacerlo y teníamos que visitar más sitios, me tuve que conformar con traerme un pedacito de Lello & Irmao en forma de libro y de marcapáginas.

En apenas unos meses ya hará un año que conocí Oporto y estos dos lugares tan especiales, pero no quería dejar pasar la oportunidad, ahora que he retomado mi actividad bloguera, de hablaros de ellos y recomendaros su visita si estáis pensando en viajar pronto a esta ciudad portuguesa. Si sois amantes de la historia, la lectura o de la cultura en general, os encantarán ;-)

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