5 blogs que no te puedes perder

5 Nov

Leo blogs desde hace muchos años y, además, de temáticas muy dispares. Solo hay que echarle un vistazo a mi Feedly para comprobar que las categorías en las que los clasifico van desde la literatura, el periodismo y el márketing, a la moda, la cocina y la belleza, pasando por el coaching, los idiomas y la decoración. Soy bastante curiosa y me gusta leer cualquier cosa que pueda ser interesante. Por eso, para uno de los últimos ejercicios que nos han propuesto en el curso de Hello! Bloggin Pro, que consistía en elegir los blogs (o perfiles en redes sociales) de nuestro compañer@s de curso que más nos gustasen, he decidido escoger cinco que son bastante diferentes entre sí, pero que han llamado especialmente mi atención de entre todos los que he visitado:

Le petite jolie : El blog de Sara Deluis es pura poesía, tal y como nos anuncia el propio subtítulo de su espacio virtual, “La poesía de la cotidianeidad”. Me gusta desde su onírica y sencilla apariencia, hasta los temas que trata y su manera de hacerlo. Me han encantado muchos de los posts que he leído en las categorías “Cultura”, “Pequeños textos” y “Mujeres en la cultura”. En la nueva etapa de mi blog me gustaría que ‘Reflexiones de mi álter ego’ se pareciese un poco a ‘Le petite jolie’. 

lepetitejolie

Skarlett: No soy ninguna experta en moda, pero vengo de una familia de mujeres modistas y, aunque no me ha llegado a picar el gusanillo de la costura, lo cierto es que me crié entre patrones, agujas y telas. El blog de Armando destila glamour, y tiene una estética muy llamativa y acorde a su temática. Ofrece trucos y videotutoriales muy interesantes, pero de lo que me he quedado verdaderamente prendada es de sus #vestidosbonitos.

skarlett

It’s me miss PG: El blog de Patricia lo he escogido porque no tiene una temática concreta y aborda una amplia variedad de temas de forma muy completa, cosa que, por otro lado, no es nada sencilla. Este tipo de espacios me gustan mucho porque nunca sabes qué te vas a encontrar cuando los visitas y, como ya he dicho, me gusta saber de todo. Además, mientras leía algunos de los posts de su sección “Cosas bonitas” me he dado cuenta de que Patricia y yo tenemos gustos similares🙂

itsmemisspg

Un arma precisa: El blog de Nuria Cabrera es, tal y como ella misma lo describe, “un espacio en el que poder seguir contando historias sencillas, recomendando discos, recordando viajes y compartiendo momentos”. Nuria tiene una forma de escribir tan cercana y entrañable que casi parece que te estuviese contado a viva voz las historias que recoge en su blog. Además, sus textos los acompaña de unas fotografías espectaculares.

unarmaprecisa

Clara B. Martín: Hace mucho tiempo que sigo a Clara a través de Instagram y su cuenta es una de mis favoritas porque sabe cómo capturar los mejores momentos, y además lo hace de una forma muy original, especialmente cuando son sus hijas las que están delante del objetivo. En el blog de Clara puedes encontrar desde interesantes consejos para hacer buenas fotos, hasta ideas de planes y viajes con niños, y todos ellos ilustrados con sus maravillosas fotografías.

clara

¿Os ha gustado mi selección de blogs? No les perdáis la pista, ¡yo ya les tengo en mi Feedly!

¿Cuáles son vuestros blogs favoritos? ¿De qué tratan?

¡Os leo en los comentarios!🙂

Hello! Blogging, el curso que cambiará tu vida

5 Nov

Yo soy de las que en septiembre tiene su lista de nuevos propósitos preparada, y con eso no quiero decir que sea excesivamente previsora, sino que septiembre es mi particular mes de enero. En pleno agosto, durante las vacaciones, me da por hacer el típico balance que el resto de mortales hace a finales de diciembre y, a continuación, pienso a qué nuevos retos me voy a enfrentar en los próximos meses. “Dedicarle más tiempo al blog”, “Aprender a sacarle mayor partido al blog” y “Rediseñar/reorientar el blog” eran ideas que nunca lograba tachar de la lista, de modo que se repetían año tras año. El blog era mi propósito incumplido cada mes de septiembre. Sin embargo, este año decidí que esto tenía que cambiar y me apunté a los cursos Hello! Blogging y Hello! Blogging Pro, de Hello! Creatividad, y creo que ha sido una de las decisiones más acertadas que he tomado en mucho tiempo.

Cursos de blogging de Hello! Creatividad

En Hello! Creatividad se definen como “una plataforma de e-MOTIVATION & e-MAGINATION” y, además, añaden: “Hacemos soñar, sentir, creer que se puede, motivamos a la gente a hacer cosas nuevas, algunas incluso que nunca pensaron que serían capaces de hacer. Retamos a las personas a dar rienda suelta a la imaginación, a no dejar nunca de aprender y por encima de todo, a creer firmemente que TODOS PODEMOS SER CREATIVOS“. A día de hoy, tras casi dos meses de lecciones y ejercicios, y cuando aún faltan algunas semanas para concluir, no puedo más que suscribir esas palabras y estar eternamente agradecida a las fundadoras de esta inusual escuela: Bea Gaspar, de Con botas de agua, y Mar Ramos y María Alonso, de Sonambulistas. No creo en las casualidades, las cosas siempre pasan por algo, y justo cuando descubrí hacia donde quería reconducir mi vida, apareció Hello! Creatividad. No sé cómo terminará esta aventura, pero ahora que creo haber encontrado mi destino, es el momento de comenzar a andar y me siento ilusionada y motivada al 100%.

Tengo que empezar a poner en práctica todo lo que estoy aprendiendo gracias a Hello! Blogging, de modo que, poco a poco, iréis viendo cómo va cambiando Reflexiones de mi álter ego. Os iré informando de todas las novedades, y en los próximos días compartiré también algunos de los ejercicios que he hecho en el curso y que tanto me han ayudado a empezar a configurar esta nueva etapa. Además, me encantaría que participarais activamente en el cambio del blog. ¿Qué me decís? ¿Os animáis? Si la respuesta es un sí, me alegrará leer vuestras ideas y sugerencias sobre qué tipo de posts os han gustado más, qué nuevas categorías incorporaríais, o en qué redes sociales os gustaría que estuviese presente el blog. ¡Muchas gracias por vuestra colaboración!

[La fotografía y el vídeo de este post pertenecen a la web de Hello! Creatividad]

Heridas del viento

17 Ago

Heridas del viento. Crónicas armenias con manchas de jugo de granada es la ópera prima de Virginia Mendoza, periodista, antropóloga y compañera de clase en mis años de universidad. Por aquel entonces no compartí muchas charlas con ella, quizás por la timidez de ambas, pero ya en el último curso nos recuerdo a las dos sentadas en el suelo, delante del despacho de uno de nuestros profesores, esperando nuestro respectivo turno para la revisión de algún trabajo o examen. No sabría decir de qué estuvimos hablando, pero sí que nos echamos unas buenas risas y que para mis adentros lamenté no haber trabado más amistad con ella en esos cinco años en los que habíamos estado compartiendo aula.

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Afortunadamente las redes sociales nos permiten estar al tanto de las andanzas de nuestros antiguos compañeros, y así es como supe que Virginia había empezado a estudiar Antropología tras licenciarse en Periodismo, y que se marchaba a Armenia como voluntaria de un programa europeo para investigar las culturas de las minorías étnicas de dicho país. Desde ese momento fui siguiendo sus crónicas a través de Cuaderno Armenio, el blog que creó para recopilar y compartir todo lo que iba viviendo en Armenia y que fue el germen de su primer libro, Heridas del viento.

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He de reconocer que cuando leo, me suelo decantar por las novelas y las historias de ficción, quizás, en parte, por ese sosiego que te da el saber que la historia que estás leyendo, por muy dramática que sea, solo es fruto de la imaginación del escritor. Pero cuando lees un libro como el de Virginia (que tanto me ha recordado a los de Ryszard Kapuściński que leímos en la universidad) la realidad te sacude de arriba abajo, te da un bofetón en la cara para despertarte de tu letargo, te pellizca con fuerza el corazón.

Heridas del viento iba a llamarse inicialmente ‘Voces’, como la segunda de las cuatro partes en las que está dividido el libro, pero al leer la tercera acepción de la palabra “voz” en el DRAE, Virginia encontró un título más adecuado:

Voz: 3. Sonido que forman algunas cosas inanimadas, heridas del viento o hiriendo en él.

En cuanto a esas Crónicas armenias con manchas de jugo de granada” del subtítulo, no es hasta casi el final del libro donde Virginia nos descubre que esta fruta es uno de los principales emblemas armenios, y relata una serie de datos curiosos sobre lo que simboliza y sobre los rituales que protagoniza en nombre de la fertilidad y la maternidad.

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Las historias que recoge Heridas del viento están repartidas en cuatro epígrafes: Silencios, Voces, Estelas y Líneas. En el primero de ellos, Virginia nos cuenta cómo fueron sus inicios en Armenia y los primeros contactos que tuvo con sus gentes. Nos habla del Monte Ararat, donde dicen que quedó varada el arca de Noé, de Mesrop Mashtots, el inventor del alfabeto armenio, y de cómo el brandy armenio jugó un papel importante en Yalta, cuando Churchill, Stalin y Roosvelt se repartían el mundo. Sin embargo, el capítulo que más llamó mi atención fue el dedicado a los molokanes o bebedores de leche, una vertiente cristiana nacida en Rusia que se oponía a las normas de la Iglesia Ortodoxa.

Voces es, quizás, la parte más dura del libro ya que reúne testimonios en torno al genocidio armenio, en el que fueron arrebatadas un millón y medio de vidas, el terremoto de 1988 en el norte de Armenia cuyas consecuencias se siguen sufriendo hoy, y la guerra de 1991 entre Azerbaiyán y Nagorno-Karabakh.

Las historias de Amam, Verghine, Movses e Iskuhi, Paruyr y Pirusa, y frases como “Seguir con vida no siempre significa sobrevivir”, “Volvió para morir armenia”, “En realidad no tenían nada salvo la vida” me dejaron especialmente consternada.

En Estelas descubrimos una serie de peculiares personajes, como Sasun Pamik, el héroe nacional, Levon Arakelyan, que excavó un templo subterráneo que resultó ser milagroso, o Lusik Aguletsi, la mujer que siempre viste el traje tradicional armenio.

Y en Líneas destaca la narración de ese memorial oculto que cada año homenajea a las víctimas de un genocidio negado y silenciado.

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Gracias, Virginia, por haberme llevado de la mano a conocer tu querida Armenia, por haberme regalado un trocito de ella. Las redes sociales me vuelven a informar de que pronto volverás a Armenia, así que espero poder seguir leyendo muchas más de esas historias que me pellizcan con fuerza el corazón.

El arte de coleccionar II

6 Jul

Hace unos tres años ya dediqué un post a mi colección de marcapáginas, que por aquel entonces estaba formada por apenas cuarenta y tres puntos de libro. Pero en todo este tiempo la colección ha crecido considerablemente, y ya son 227 marcapáginas los que la integran. Muchos de ellos han sido regalos o recuerdos de mis viajes, pero otros los he ido adquiriendo tras descubrirlos por las redes sociales. En la actualidad muchos son los artistas emprendedores que aprovechan las ventajas que les ofrecen estas nuevas plataformas para mostrar y vender sus creaciones. Mi colección está repleta de todo tipo de marcapáginas y aunque me gustan todos, siento una especial predilección por los que he seleccionado para el post de hoy, ya que son originales, diferentes (de los demás y entre sí), y han supuesto un trabajo creativo previo que realmente valoro.

Miteta es el proyecto de una asturiana y una gallega, Sara y Candela, que se conocieron en Salamanca cuando las dos estudiaban Bellas Artes. La vida y los proyectos las llevaron por caminos diferentes, pero el destino, además de su ansiado reencuentro, les tenía preparada la puesta en marcha de Miteta en 2012. Desde entonces diseñan ropa, complementos, bisutería, artículos de papelería, productos para casa, etc., y en la mayoría de ellos están presentes sus abuelitos molones y de espíritu joven que comen helado, hinchan globos y sacan la lengua. Dos de esos abuelitos molones son Ramiro y Margarita, los protagonistas de los dos modelos de marcapáginas de Miteta, de los que tengo tanto la primera como la segunda versión que diseñaron. Están hechos de cartón compacto y tela de algodón; además, en el propio packaging nos cuentan la historia de esta entrañable pareja:

“Amigo de sus amigos, dedicado a su familia y trabajador incansable, Ramiro fue un hombre muy querido. Sin embargo, su elegancia es lo que todo el mundo recuerda. Siempre bien aseado y con olor a limón fresco, Ramiro se ponía corbata incluso para sacar la basura”.

“Margarita y Ramiro, Ramiro y Margarita, inseparables, ¡y siempre tan elegantes! A ella le encanta contar que Ramiro la quiere mucho pero siempre fue un tacaño. ¡Más agarrao que un chotis! Cuando cumplieron veinticinco años de casados celebraron sus bodas de plata y Ramiro, cosa extraña, le regaló una preciosa pulsera de plata. Margarita no dudó en celebrar también las bodas de perla, coral y rubí. Y ahora, después de cincuenta años de casados, ¡las de oro! ¡Y que se prepare para las de diamante!”

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Si Temedoy tuviera club de fans, yo, sin duda, me autoproclamaría presidenta; soy seguidora de esta marca handmade, creada por dos hermanos, Gemma y Dalmaus, que cosen y dibujan a las mil maravillas, prácticamente desde sus inicios. Enseguida me quedé prendada de todos sus productos: Mini Tú’s personalizados, cuadernos, Temestuches, Fotomatones, Glotones…, todos ellos hechos de fieltro y acompañados de un sentimiento en forma de punto de libro. Tanto es así, que además de sus marcapáginas, que son unas graciosas y coloridas tiras cómicas (Temedoy Un Recuerdo, Temedoy Una Alegría, Temedoy Un Para Siempre…), también tengo su Glotón marinero, y recurrí a Temedoy para hacer un regalo muy especial.

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Lo primero que llama la atención cuando descubres la obra de Fina Veciana es su singularidad y su onirismo. Fina, graduada en la especialidad de pintura mural en la Escola d´Arts Aplicades i Oficis Artístics de la Diputación de Tarragona, es artista plástica y aunque esencialmente se dedica a la pintura, también diseña piezas de bisutería, realiza performances, imparte talleres creativos para niños e ilustra libros. En su taller de Reus crea pinturas murales tanto en grandes formatos, como en cuadros de bolsillo o postales, que reflejan y sugieren todo tipo de sensaciones, casi como si de un poema visual se tratara.

Fina pinta los marcapáginas, que son pequeñas obras únicas, ya que ninguno es igual a otro, con acrílico sobre cartulinas recicladas, y también suele utilizar la técnica del collage e incluir alguna frase en catalán, castellano o inglés para completar el significado de lo que ha querido representar. En mi caso, yo escogí Llum interna y Secret love, y además le pedí uno personalizado con una composición sobre el amor y los libros, que incluyera la frase “Érase una vez…”. El resultado, tal y como me esperaba, me encantó.

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La última incorporación a mi colección han sido los marcapáginas quijotescos de Marina G. Galietero . Los descubrí en su perfil de Instagram y me quedé prendada de ellos, así como del resto de las obras de Marina, tan realistas y perfectas.

Los marcapáginas, ilustrados haciendo uso de un simple bolígrafo Bic negro, la principal herramienta de dibujo de Marina, representan el rostro del Quijote, así como sus paseos con Sancho Panza por esos campos manchegos repletos de molinos de viento.

Post 70 - i Post 70 - j Marina G. Galietero tiene 26 años, nació en Mota del Cuervo (Cuenca) y es “Arquitecta por formación, diseñadora por adaptación y dibujante por vocación”. Estudió Arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia, y hace apenas un año que se licenció y regresó a su pueblo natal para probar suerte en el mundo laboral de la mano de sus dos pasiones: la arquitectura y el dibujo. A los ocho años ya empezó a interesarse por este arte, y no dejó de hacerlo ni durante sus años en el instituto y la universidad. Para Marina, dibujar es algo vital y se ha convertido en el método por el que mejor logra expresarse.

¿Os han gustado los marcapáginas que os he mostrado en este post? ¿Conocéis a otros ilustradores y/o artistas que también diseñen y elaboren sus propios puntos de libro?

El año sin verano

29 Jun

Hace algo más de una semana estrenamos nueva estación: el verano, que siempre se convierte en noticia por sus características temperaturas extremas, sus olas de calor y su sequedad. Sin embargo, hace un par de años un meteorólogo francés se aventuró a decir que aquel verano de 2013 traería consigo, contra todo pronóstico, tormentas, lluvias y frío. Ese supuesto no verano es precisamente  el que da nombre al segundo libro de Carlos del Amor, El año sin verano, y el punto de partida de la historia que en él nos cuenta.

 

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El protagonista es un joven periodista cultural que trabaja en televisión y que vuelve al tranquilo Madrid estival tras unas vacaciones tristes y difíciles. Su mujer, embarazada, ha ido al pueblo de sus padres a pasar unos días con ellos, de modo que él pretende aprovechar esa soledad para avanzar en la escritura de su segundo libro. Sin embargo, cuando encuentra un manojo de llaves tirado en las escaleras de su edificio y supone que se trata del juego de llaves de la portera, no puede evitar sentir curiosidad y se dedica a inspeccionar las viviendas vacías de sus vecinos ausentes. A través de sus incursiones en las casas ajenas vamos conociendo las vidas de esos vecinos, sus vivencias pasadas y sus secretos, pero lo que menos se imagina nuestro protagonista es que se topará con una historia de amor y con una misteriosa muerte que tuvieron lugar treinta años atrás, y que irremediablemente tendrá que investigar.

En El año sin verano volvemos a encontrarnos con esas pequeñas historias con las que tanto disfrutamos en La vida a veces, incluso recuerda a su último relato, que se desarrolla en una comunidad de vecinos, y en el que los personajes y sus historias también se entremezclan. Y, por supuesto, nos volvemos a encontrar con ese estilo intimista, original y melódico tan propio de Carlos del Amor, su magia. Aunque en esta ocasión lo que más sorprende de este libro son los enormes paralelismos que existen entre autor y protagonista, ya que el primero juega todo el tiempo a mezclar realidad y ficción. Nos da una primera pista con esa cita de Antonio Machado con la que abre el libro: “Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción”; y la segunda aparece algunas páginas después, en esa conversación con su amigo Jorge, el jardinero del parque:

– Entonces, a ver si te entiendo, quieres escribir su historia (…). Pues imagínatela, ¿los escritores no hacéis eso? Os imagináis las cosas, os inventáis la realidad.

– Sí, pero no es tan sencillo, yo, al menos, necesito un ancla, unos hechos a los que agarrarme, un hilo del que ir tirando. Luego, claro que entra en juego la ficción.

La realidad, los hechos, lo noticioso son lo suyo, pero lo que me sigue sorprendiendo de Carlos del Amor, tanto de sus reportajes como de sus libros, es su capacidad para maquillar esos hechos o darles la vuelta, buscar enfoques diferentes y originales en ellos, fijarse en ese detalle en el que nadie repara y crear pequeños micromundos dentro de grandes historias. Esa capacidad suya es la que le convierte, como ya dije en una ocasión, en un auténtico mago, un gran ilusionista, y El año sin verano ha sido, sin duda, el gran truco final de un espectáculo (literario) que no ha hecho más que empezar.

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