Archive | Musas y númenes RSS feed for this section

Cien años sin Alain-Fournier

22 Sep

Siendo adolescente, mientras echaba un vistazo a la sección de libros juveniles en unos grandes almacenes, uno de ellos llamó mi atención: en la portada aparecía la silueta oscura del busto de una chica que sostenía un paraguas rojo, y la lluvia de la que se protegía tenía forma de pequeñas torres Eiffel invertidas. Se llamaba La lluvia de París, de modo que la composición de la cubierta no podía ser más acertada. El texto de la contraportada hacía referencia a París, evidentemente, al cine, a los sueños y la esperanza, a la historia de un tal Meaulnes y a un escritor llamado Alain-Fournier. Tanta mención a mi adorado París acabó por convencerme y me lo llevé a casa; además, algo me decía que tenía algo especial y no me equivoqué. Es uno de los pocos libros que he releído entero en varias ocasiones, aunque reconozco que a veces me he recreado solamente en mis fragmentos favoritos, como por ejemplo, el del paseo por el cementerio Père-Lachaise.

Tal es el cariño que le he cogido al libro en todos estos años, que cuando me enteré de que mi amiga Gema iba a entrevistar a Lorenzo Silva, su autor, no pude evitar pedirle que me consiguiera un autógrafo suyo. Y la dedicatoria no pudo ser más bonita: “Para Laura, con la alegría de tenerte como lectora, de compartir este lluvioso París que ambos sabemos”. Es mi pequeño tesoro 🙂

 

"La lluvia de París", de Lorenzo Silva

 

La lluvia de París forma parte de la llamada Trilogía de Getafe (que incluye también Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia y El cazador del desierto) y cuenta la historia de Silvia, una bella joven que tiene la oportunidad de marcharse a París a rodar una película y convertirse en una verdadera estrella de cine, pero una vez allí se dará cuenta de que no todo en la vida es como soñamos.

Uno de los motivos por los que más me gusta este libro es por cómo describe la amistad entre Silvia y sus mejores amigas, Laura e Irene (protagonistas respectivamente de los otros dos volúmenes de la trilogía), ese afecto personal, puro y desinteresado tan característico de la adolescencia, unido a la lealtad, las confidencias, los consejos y a la complicidad por ir descubriendo juntas nuevas experiencias y etapas. Pero si La lluvia de París es uno de mis libros favoritos es, especialmente, por todo lo que me descubrió, y es que gracias a él conocí a Alain-Fournier, el verdadero protagonista del post de hoy, al cumplirse cien años de su muerte.

 

Alain Fournier, autor de "El gran Meaulnes"

 

Fournier es casi un personaje más en La lluvia de París, él y su alter ego Augustin Meaulnes, que da nombre a la única novela que publicó: El gran Meaulnes. Es casi magistral cómo una obra que fue escrita en Francia a principios del siglo XX puede seguir vigente en la actualidad y servir de hilo conductor para contar la historia de Silvia, así como para crear tantos paralelismos entre ella y Meaulnes. También existen muchas similitudes entre la vida de Meaulnes y la del propio Fournier, por eso se dice que se trata de una especie de autobiografía que gira en torno al amor, a las ilusiones juveniles y a las decepciones de la edad adulta que vivió Fournier: se enamoró a primera vista de Yvonne Quiévrecourt (que encarna el personaje de Yvonne de Galais en su novela), pero el amor no correspondido de ésta marcaría el devenir de su vida. Y solamente pudo publicar una novela, de éxito tardío, puesto que murió muy joven, con apenas 27 años, en uno de los primeros combates de la Primera Guerra Mundial, aunque su cuerpo no sería encontrado hasta setenta y ocho años después, en una fosa común junto a otros veinte soldados. Ahora sus restos descansan en el cementerio militar de Saint-Rémy-la-Calonne.

No hay nada de particular ni de grandioso en la vida de Alain-Fournier, ya que fue corta y un tanto triste por ese amor fallido, el reconocimiento retardado de su única novela, del que apenas pudo disfrutar, y su trágica muerte; sin embargo, le dio tiempo a escribir El gran Meaulnes y a transmitir a los lectores a través de sus páginas que no todo está perdido cuando los sueños se derrumban, que el futuro siempre esconde un atisbo de esperanza. Puede parecer una premisa sencilla, pero para mí, que siempre suelo ver el vaso medio vacío, ésta es una auténtica lección para la vida, para seguir adelante.

Gracias a Lorenzo Silva y a su lluvia de París le cogí cariño a Alain-Fournier, a ese joven enamorado y soñador que vivió hace más de un siglo, pero cuyas vivencias, ideales y sentimientos han sido capaces de conmoverme muchísimos años después. Es por todo eso por lo que he querido dedicarle una entrada en mi blog en un día como hoy, para darle el reconocimiento que merece y que tal vez no reciba.

Maruja Mallo, una de las grandes (olvidadas)

8 Mar

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer y me ha parecido la fecha más idónea para inaugurar una nueva categoría temática en el blog, ‘Musas y númenes’, ya que ésta estará protagonizada por todas aquellas personas, en su mayoría por mujeres, cuya vida, profesión, obra, carácter o filosofía de vida, admiro y me sirven de referente e inspiración.

A Maruja Mallo, la mujer con la que estreno esta sección, la descubrí en la universidad, cuando tuve que realizar un trabajo, con exposición en clase incluida, sobre su vida y trayectoria artística, en contraposición a la de Frida Kahlo, analizada por mi amiga Gema. Su nombre apenas me sonaba de alguna que otra clase de la asignatura de Literatura y periodismo ya que nuestro profesor, José Luis Ferris, había escrito un libro sobre ella: Maruja Mallo, la gran transgresora del 27.

Su nombre real era Ana María Gómez González y nació en Viveiro (Lugo), en 1902. A los 20 años se trasladó a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) y es allí donde entró en contacto con  los artistas, escritores y cineastas que la introdujeron en los principales lugares de encuentro y tertulia de la capital (Café Pombo, El Gato Negro…), tradicionalmente reservadas a los hombres. Algunos de estos literatos y pintores, al igual que la pintora gallega, eran miembros de la Generación del 27 y de la llamada Escuela de Vallecas, un movimiento artístico que se basaba en la búsqueda de motivos pictóricos en el paisaje.

Picasso, Dalí, Buñuel, Federico García Lorca, Ortega y Gasset, Machado, Unamuno, Ramón Gómez de la Serna, Miguel Hernández y Rafael Alberti se encontraban entre sus más estrechas amistades, y la figura de Maruja Mallo sirvió de inspiración para las obras de algunos de ellos.

Por ejemplo, en el cuadro de Dalí, Sueños noctámbulos (1922), ambos aparecen representados en uno de sus tantos paseos por las calles de la capital. Rafael Alberti, con quien Maruja Mallo vivió una tormentosa relación sentimental, le dedicó dos poemas: El ángel falso y La primera ascensión de Maruja Mallo al subsuelo. Y se cree que, asimismo, la destinataria de la mayor parte de El rayo que no cesa, de Miguel Hernández, con quien también mantuvo una tórrida relación, era ella.

Feminista, transgresora, rebelde y comprometida con los ideales republicanos, Maruja Mallo estuvo exiliada en Argentina durante casi treinta años. Antes y después de su exilio colaboró con la Revista de Occidente, ilustrando las portadas de algunos de sus números.

Además, en 1928 esta revista organizó su primera exposición, formada por 10 óleos con motivos deportivos, populares, cinemáticos y de máquinas y maniquíes.

Previas a su partida a Argentina son las colecciones Cloacas y campanarios y La religión del trabajo, una oda del surrealismo a la putrefacción y a lo tétrico, y a la geometrización de los elementos, respectivamente.

La serie de Las naturalezas vivas (1942), caracterizada por su colorido y por la interrelación de elementos de la naturaleza terrestre y marina, es fruto de su estancia en Argentina y de sus viajes a Chile, Brasil y Uruguay.

Sus Máscaras y retratos también fueron desarrolladas a raíz del encuentro de Maruja Mallo con la cultura latinoamericana.

Los moradores del vacío o viajeros del éter, su último ciclo plástico, es un homenaje a la quinta dimensión y muestra una especie de símbolos, naves espaciales o nuevas constelaciones que ella misma inventaba y bautizaba con nombres tales como Agol, Geonauta y Selvatro.

Maruja Mallo fue, cuando menos, una mujer excéntrica y adelantada a su tiempo. Regresó a España en 1965 y en 1982 recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes, otorgada por el Ministerio de Cultura. Sin embargo, a pesar de su prolífica carrera artística, la sombra de su exilio, de sus ideales políticos y de los reconocidos hombres que la acompañaron en su juventud, la fueron relegando a un segundo plano hasta que finalmente falleció en 1995, enferma y sola, en una residencia de ancianos. Y es por eso por lo que he querido hacerle este pequeño homenaje, especialmente en un día como el de hoy, de loas y reivindicaciones.

Si queréis saber más sobre Maruja Mallo, os recomiendo que veáis el documental Maruja Mallo, mitad ángel, mitad marisco, que realiza un completo recorrido por su vida y obra y trata de profundizar en su personal mundo interior y artístico.

¡Feliz Día de la Mujer!

A %d blogueros les gusta esto: