La vida a veces…

15 Ene

… te da sorpresas, te regala buenas noticias; y es que ayer mismo me enteré por las redes sociales de que el próximo 5 de febrero sale a la venta el segundo libro de Carlos del AmorEl año sin verano. Esta noticia realmente me alegró el día, porque desde que terminé de leer su ópera prima, La vida a veces, soñaba con poder leer de nuevo algo escrito por Carlos del Amor.

 

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Siempre he sentido una gran admiración por Carlos, por su trabajo. En casa saben que deben guardar silencio cuando, mientras vemos el Telediario, llega el momento de alguno de sus reportajes; entonces yo me quedo pegada a la pantalla del televisor, embobada, disfrutando de esa magia que desprenden todas las piezas que crea. Porque Carlos es un auténtico mago de las palabras, de lo desapercibido, de los enfoques diferentes, de las historias mínimas. Y todo eso lo ha recogido también (y tan bien) en La vida a veces.

 

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El libro, que inicialmente se iba a llamar Fuera de cobertura, abre con el poema de Jaime Gil de Biedma que le da nombre, y le siguen veinticinco pequeñas historias, divididas en cinco apartados (Espacios, Oficios, Accidentes, Coincidencias e Interacciones), que hablan de frustración (la de ese escritor al enfrentarse a la hoja en blanco, que no es otro que el propio Carlos cuando escribía La vida a veces), de amor (el que hace que Miguel pida que le entierren mirando a su esposa Teresa), de ilusión (la de los “esperantes” en los aeropuertos), de desesperación (la del inventor de palabras cuando no se le ocurre ninguna nueva), de soledad (la de Eusebio, que murió solo en casa y nadie reparó en ello hasta veinte años después)… A todas ellas el lector puede añadir la suya propia, ya que al final del libro se incluyen unas hojas en blanco para tal fin. Y es que todo en este libro parece estar exquisitamente cuidado, desde esa redacción melódica, casi poética que emplea, hasta esa bonita portada, creada a partir de un carboncillo hecho por el suegro de Carlos y que refleja perfectamente lo que quería transmitir: “Si nos lo proponemos, somos capaces de levantar el mar”.

 

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La vida a veces es dura, y cuando comencé a leer este libro lo estaba siendo conmigo. Quizás por mi excesiva sensibilidad en aquel momento, lloraba y lloraba tras leer cada capítulo, porque la realidad a veces duele. Reconozco que me costó enfrentarme a las historias de La vida a veces, pero al final me resultaba reconfortante imaginarlas en la voz del propio autor, como si de sus reportajes se tratara. La vida a veces es dura, pero afortunadamente existen los magos, existe la magia.

Cien años sin Alain-Fournier

22 Sep

Siendo adolescente, mientras echaba un vistazo a la sección de libros juveniles en unos grandes almacenes, uno de ellos llamó mi atención: en la portada aparecía la silueta oscura del busto de una chica que sostenía un paraguas rojo, y la lluvia de la que se protegía tenía forma de pequeñas torres Eiffel invertidas. Se llamaba La lluvia de París, de modo que la composición de la cubierta no podía ser más acertada. El texto de la contraportada hacía referencia a París, evidentemente, al cine, a los sueños y la esperanza, a la historia de un tal Meaulnes y a un escritor llamado Alain-Fournier. Tanta mención a mi adorado París acabó por convencerme y me lo llevé a casa; además, algo me decía que tenía algo especial y no me equivoqué. Es uno de los pocos libros que he releído entero en varias ocasiones, aunque reconozco que a veces me he recreado solamente en mis fragmentos favoritos, como por ejemplo, el del paseo por el cementerio Père-Lachaise.

Tal es el cariño que le he cogido al libro en todos estos años, que cuando me enteré de que mi amiga Gema iba a entrevistar a Lorenzo Silva, su autor, no pude evitar pedirle que me consiguiera un autógrafo suyo. Y la dedicatoria no pudo ser más bonita: “Para Laura, con la alegría de tenerte como lectora, de compartir este lluvioso París que ambos sabemos”. Es mi pequeño tesoro 🙂

 

"La lluvia de París", de Lorenzo Silva

 

La lluvia de París forma parte de la llamada Trilogía de Getafe (que incluye también Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia y El cazador del desierto) y cuenta la historia de Silvia, una bella joven que tiene la oportunidad de marcharse a París a rodar una película y convertirse en una verdadera estrella de cine, pero una vez allí se dará cuenta de que no todo en la vida es como soñamos.

Uno de los motivos por los que más me gusta este libro es por cómo describe la amistad entre Silvia y sus mejores amigas, Laura e Irene (protagonistas respectivamente de los otros dos volúmenes de la trilogía), ese afecto personal, puro y desinteresado tan característico de la adolescencia, unido a la lealtad, las confidencias, los consejos y a la complicidad por ir descubriendo juntas nuevas experiencias y etapas. Pero si La lluvia de París es uno de mis libros favoritos es, especialmente, por todo lo que me descubrió, y es que gracias a él conocí a Alain-Fournier, el verdadero protagonista del post de hoy, al cumplirse cien años de su muerte.

 

Alain Fournier, autor de "El gran Meaulnes"

 

Fournier es casi un personaje más en La lluvia de París, él y su alter ego Augustin Meaulnes, que da nombre a la única novela que publicó: El gran Meaulnes. Es casi magistral cómo una obra que fue escrita en Francia a principios del siglo XX puede seguir vigente en la actualidad y servir de hilo conductor para contar la historia de Silvia, así como para crear tantos paralelismos entre ella y Meaulnes. También existen muchas similitudes entre la vida de Meaulnes y la del propio Fournier, por eso se dice que se trata de una especie de autobiografía que gira en torno al amor, a las ilusiones juveniles y a las decepciones de la edad adulta que vivió Fournier: se enamoró a primera vista de Yvonne Quiévrecourt (que encarna el personaje de Yvonne de Galais en su novela), pero el amor no correspondido de ésta marcaría el devenir de su vida. Y solamente pudo publicar una novela, de éxito tardío, puesto que murió muy joven, con apenas 27 años, en uno de los primeros combates de la Primera Guerra Mundial, aunque su cuerpo no sería encontrado hasta setenta y ocho años después, en una fosa común junto a otros veinte soldados. Ahora sus restos descansan en el cementerio militar de Saint-Rémy-la-Calonne.

No hay nada de particular ni de grandioso en la vida de Alain-Fournier, ya que fue corta y un tanto triste por ese amor fallido, el reconocimiento retardado de su única novela, del que apenas pudo disfrutar, y su trágica muerte; sin embargo, le dio tiempo a escribir El gran Meaulnes y a transmitir a los lectores a través de sus páginas que no todo está perdido cuando los sueños se derrumban, que el futuro siempre esconde un atisbo de esperanza. Puede parecer una premisa sencilla, pero para mí, que siempre suelo ver el vaso medio vacío, ésta es una auténtica lección para la vida, para seguir adelante.

Gracias a Lorenzo Silva y a su lluvia de París le cogí cariño a Alain-Fournier, a ese joven enamorado y soñador que vivió hace más de un siglo, pero cuyas vivencias, ideales y sentimientos han sido capaces de conmoverme muchísimos años después. Es por todo eso por lo que he querido dedicarle una entrada en mi blog en un día como hoy, para darle el reconocimiento que merece y que tal vez no reciba.

Los cómics son para el verano

16 Sep

Y para el otoño, el invierno y la primavera, pero tras comenzar la temporada estival devorando de una sentada Diario de una Volátil, de Agustina Guerrero, los cómics se han convertido en el género estrella de mis lecturas veraniegas, y Croqueta y Empanadilla en uno de los libros que más sonrisas ha logrado sacarme.

 

Croqueta y Empanadilla, Ediciones la Cúpula

 

Se trata de un cómic con historietas breves que cuentan situaciones típicas de la convivencia de una joven pareja, basadas en las propias experiencias de la autora con su novio. Lo curioso es que esta pareja protagonista está graciosamente representada por una croqueta y una empanadilla. Y es que tal y como ha contado en múltiples ocasiones Ana Oncina, la creadora de este apetecible tándem, la idea de darles esta forma surgió tras un viaje a Berlín (que aparece dibujado en el libro) con su novio, después de que éste le dijera que era una empanada porque llevaba un rato distraída, pensando en algo, y Ana le respondiera: “si yo soy una empanada tu eres una croqueta”. Sin embargo, el resto de personajes, a excepción de un yogur griego, son personas, de modo que las escenas resultan aún más graciosas si cabe.

El éxito de Croqueta y Empanadilla reside en que reproduce escenas cotidianas de pareja con las que todos nos podemos sentir identificados, y les añade unos protagonistas muy expresivos y entrañables que logran arrancarte un “¡oohh!” en cada página y unas buenas carcajadas al verte reflejado en lo que dicen o sienten.

 

"Historias para no dormir"

 

A Ana Oncina, que ya está trabajando en la segunda parte del cómic, la descubrí a través de su perfil de Instagram y un tiempo después la conocí en persona en la firma de libros que tuvo lugar en la Fnac de Alicante el pasado mes de julio.

 

Ana Oncina durante la firma de libros en Fnac Alicante

 

Detalle de la firma de la autora

 

Y como no siempre se tiene la oportunidad de tener a los protagonistas de un libro en casa, ¡me autorregalé a los adorables Croqueta y Empanadilla! Y no descarto hacerme con alguna tacita de su tienda en Society 6. Lo admito, soy una fan total de estos personajillos.

 

Los protagonistas, Croqueta y Empanadilla

 

Enhorabuena por el éxito de tu ópera prima, Ana. ¡Estamos deseando leer la segunda parte!

Una tarde con La Volátil

20 Jun

Hace un par de días tuvo lugar en el Fórum de la Fnac de Alicante, la presentación y firma de ejemplares del libro Diario de una volátil, de la ilustradora argentina Agustina Guerrero, de la que me declaro fan incondicional (de hecho, ya me referí a ella en este post), de modo que, ¡no me lo podía perder!

 

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A pesar de llevar 14 años en España, Agustina aún conserva ese agradable y dulce acento argentino que tanto encandila, y que hace que sea una delicia escucharla narrar sus vivencias en torno al mundo de la ilustración: creció con Quino y su Mafalda, y uno de sus referentes en la actualidad es Liniers; al principio le ponía muchísimo texto a sus viñetas pero con el tiempo, los colores y las expresiones corporales de los personajes han ido sustituyendo a las palabras. “Siempre pienso cómo sería la reacción en la vida real, incluso pongo caras delante del espejo para después intentar expresarlas mediante el dibujo”. Curiosamente, confesó que nunca se le dio bien dibujar y que admiraba a quien, en apenas unos minutos y con unos cuantos trazos, era capaz de crear pequeñas obras de arte. Pero aprendió a hacerlo, porque tal y como ella misma dijo: “a dibujar se aprende dibujando”; aun así, con gracia y entre risas aseguró que no creía que sus dibujos fueran especialmente buenos, algo con lo que no estamos de acuerdo las miles y miles de personas que la seguimos en sus perfiles de Facebook, Twitter e Instagram.

 

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La Volátil, o “la gordita”, como cariñosamente la llama Agustina, nació como una especie de álter ego de su autora tras su llegada a Barcelona, con el fin de dibujar sus experiencias en la ciudad y con su pareja, con quien acababa de empezar su relación. Pero después de que unos ladrones desvalijaran su casa y se llevaran, entre otras cosas, el ordenador con el que estaba trabajando en sus siguientes proyectos, Agustina decidió abrir un blog y colgar esas viñetas, puesto que era lo único que quedaba de su trabajo. “La repercusión en las redes fue inmediata: mucha gente me dejaba comentarios diciéndome que se sentían muy identificados con las cosas que le sucedían a La Volátil, empezaron a llegarme solicitudes de amistad en Facebook de gente que no conocía…”.

 

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Sin embargo, cuando la llamaron de Random House Mondadori no estaban interesados precisamente en esa treintañera regordeta y exagerada de camiseta a rayas que es La Volátil, sino que querían, más bien, que Agustina creara un personaje similar pero dirigido a un público joven; así fue como nació Nina, diario de una adolescente. Pero el verdadero sueño de Agustina era que algún día le publicaran las aventuras de La Volátil y al final lo consiguió; Diario de una volátil es una recopilación de las divertidas historietas publicadas en su blog. Ahora, tal y como nos anunció, ya está trabajando en la segunda parte, que no estará compuesta de viñetas cortas sino que tendrá forma de novela gráfica.  ¡La esperamos con los brazos abiertos, Agustina!

 

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Gracias por tu simpatía y sencillez, Agustina, así como por la dedicatoria tan bonita que me hiciste 🙂

La vida imaginaria

12 May

Cuando era pequeña, en el colegio nos encomendaron la tarea de leer el libro infantil Danko, el caballo que conocía las estrellas y, a continuación, redactar un trabajo que incluyera tanto un resumen del citado libro, como nuestra opinión personal tras su lectura. A mí, que me encantaba leer por puro placer y no por imposición escolar, estas actividades siempre me resultaban un tanto farragosas, pero como después solía disfrutar leyendo, se me olvidaba mi poco entusiasmo inicial y acababa escribiendo críticas bastante favorables de los libros. Sin embargo, recuerdo que con Danko me llevé un buen chasco porque no me gustó, o al menos no tanto como esperaba tras las alabanzas de mi maestra hacia él. En aquel momento, cuando tuve que pararme a escribir sobre qué me había parecido el libro, me encontraba en la misma tesitura que ahora, tras haber leído La vida imaginaria, de Mara Torres. Y es que si entonces me parecía feo hablar mal de aquel caballo tan querido por mi Seño, hoy incluso me parece peor hacerlo sobre la novela finalista del Premio Planeta 2012 por la admiración que siempre he sentido hacia Mara. Pero creo que, como hice entonces, me armaré de valor y diré lo que pienso.

 

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A Mara Torres la sigo desde hace muchos años en La 2 Noticias; también la vi junto a Joaquín Reyes en ‘Torres y Reyes’, y aunque ya tiene otros dos libros en el mercado (Hablar por hablar. Historias de Madrugada – 2004 y Sin ti. Cuatro miradas desde la ausencia – 2006) y ha publicado varios relatos para revistas y blogs, reconozco que no había leído nada escrito por ella. Tras esas dos primeras novelas de carácter más periodístico, ha dado el salto a la ficción con La vida imaginaria, que cuenta la historia de Fortunata Fortuna, una joven publicista que es abandonada por su novio tras varios años de relación y que, a partir de ese momento, tiene que rehacer y repensar su vida… o imaginarla, porque Nata es propensa a las ensoñaciones.

El libro, de lectura fácil y rápida, está narrado en primera persona por la protagonista pero con un estilo diferente, ya que para dar sensación de que verdaderamente estás escuchando la voz de Nata, introduce muchas repeticiones y diálogos.

Por otro lado, y aunque sé que es la gracia de la novela, la caprichosa mezcla de realidad e imaginación hace que en ocasiones te sientas confuso y perdido. Y en cuanto al principal tema que trata (porque los secundarios, como el de la crisis y la falta de empleo, me parecen fuera de lugar en el conjunto global de la novela), el de las relaciones y las rupturas, aunque he leído que mucha gente se ha sentido identificada con lo que siente y vive Nata al respecto, he de decir que no ha sido mi caso porque sus reacciones me parecen demasiado exageradas y neuróticas. Quizás lo único que verdaderamente me ha gustado es la finalización de algunos capítulos (en general, bastante planos) con escenas y frases lapidarias. Han sido como la guinda de un pastel que te ha dejado un sabor agridulce en la boca:

“La diferencia es que sabes que alguien te quiere no porque te lo diga, sino porque te lo hace sentir”.

Es lo que tiene empezar a enamorarse, que una cree que el mundo está envuelto en un absurdo papel de celofán”.

Al final, tal y como sospechaba, a mi Seño no le sentó nada bien que le tuviera tan poca estima a su querido Danko y puntuó mi valoración personal por debajo de la de otros compañeros que se limitaron a decir que les encantaría tener un caballo como él “porque es muy guay”. Unos cuantos años después la historia se repite y parece ser que soy la única a la que no le ha encantado La vida imaginaria y en realidad, me da un poco de lástima, hasta me siento culpable, de modo que será mejor que haga como Nata e imagine que me ha gustado mucho, porque si hay algo que este libro te enseña es que la realidad soñada, la vida imaginaria, duele mucho menos.

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