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El arte de coleccionar II

6 Jul

Hace unos tres años ya dediqué un post a mi colección de marcapáginas, que por aquel entonces estaba formada por apenas cuarenta y tres puntos de libro. Pero en todo este tiempo la colección ha crecido considerablemente, y ya son 227 marcapáginas los que la integran. Muchos de ellos han sido regalos o recuerdos de mis viajes, pero otros los he ido adquiriendo tras descubrirlos por las redes sociales. En la actualidad muchos son los artistas emprendedores que aprovechan las ventajas que les ofrecen estas nuevas plataformas para mostrar y vender sus creaciones. Mi colección está repleta de todo tipo de marcapáginas y aunque me gustan todos, siento una especial predilección por los que he seleccionado para el post de hoy, ya que son originales, diferentes (de los demás y entre sí), y han supuesto un trabajo creativo previo que realmente valoro.

Miteta es el proyecto de una asturiana y una gallega, Sara y Candela, que se conocieron en Salamanca cuando las dos estudiaban Bellas Artes. La vida y los proyectos las llevaron por caminos diferentes, pero el destino, además de su ansiado reencuentro, les tenía preparada la puesta en marcha de Miteta en 2012. Desde entonces diseñan ropa, complementos, bisutería, artículos de papelería, productos para casa, etc., y en la mayoría de ellos están presentes sus abuelitos molones y de espíritu joven que comen helado, hinchan globos y sacan la lengua. Dos de esos abuelitos molones son Ramiro y Margarita, los protagonistas de los dos modelos de marcapáginas de Miteta, de los que tengo tanto la primera como la segunda versión que diseñaron. Están hechos de cartón compacto y tela de algodón; además, en el propio packaging nos cuentan la historia de esta entrañable pareja:

“Amigo de sus amigos, dedicado a su familia y trabajador incansable, Ramiro fue un hombre muy querido. Sin embargo, su elegancia es lo que todo el mundo recuerda. Siempre bien aseado y con olor a limón fresco, Ramiro se ponía corbata incluso para sacar la basura”.

“Margarita y Ramiro, Ramiro y Margarita, inseparables, ¡y siempre tan elegantes! A ella le encanta contar que Ramiro la quiere mucho pero siempre fue un tacaño. ¡Más agarrao que un chotis! Cuando cumplieron veinticinco años de casados celebraron sus bodas de plata y Ramiro, cosa extraña, le regaló una preciosa pulsera de plata. Margarita no dudó en celebrar también las bodas de perla, coral y rubí. Y ahora, después de cincuenta años de casados, ¡las de oro! ¡Y que se prepare para las de diamante!”

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Si Temedoy tuviera club de fans, yo, sin duda, me autoproclamaría presidenta; soy seguidora de esta marca handmade, creada por dos hermanos, Gemma y Dalmaus, que cosen y dibujan a las mil maravillas, prácticamente desde sus inicios. Enseguida me quedé prendada de todos sus productos: Mini Tú’s personalizados, cuadernos, Temestuches, Fotomatones, Glotones…, todos ellos hechos de fieltro y acompañados de un sentimiento en forma de punto de libro. Tanto es así, que además de sus marcapáginas, que son unas graciosas y coloridas tiras cómicas (Temedoy Un Recuerdo, Temedoy Una Alegría, Temedoy Un Para Siempre…), también tengo su Glotón marinero, y recurrí a Temedoy para hacer un regalo muy especial.

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Lo primero que llama la atención cuando descubres la obra de Fina Veciana es su singularidad y su onirismo. Fina, graduada en la especialidad de pintura mural en la Escola d´Arts Aplicades i Oficis Artístics de la Diputación de Tarragona, es artista plástica y aunque esencialmente se dedica a la pintura, también diseña piezas de bisutería, realiza performances, imparte talleres creativos para niños e ilustra libros. En su taller de Reus crea pinturas murales tanto en grandes formatos, como en cuadros de bolsillo o postales, que reflejan y sugieren todo tipo de sensaciones, casi como si de un poema visual se tratara.

Fina pinta los marcapáginas, que son pequeñas obras únicas, ya que ninguno es igual a otro, con acrílico sobre cartulinas recicladas, y también suele utilizar la técnica del collage e incluir alguna frase en catalán, castellano o inglés para completar el significado de lo que ha querido representar. En mi caso, yo escogí Llum interna y Secret love, y además le pedí uno personalizado con una composición sobre el amor y los libros, que incluyera la frase “Érase una vez…”. El resultado, tal y como me esperaba, me encantó.

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La última incorporación a mi colección han sido los marcapáginas quijotescos de Marina G. Galietero . Los descubrí en su perfil de Instagram y me quedé prendada de ellos, así como del resto de las obras de Marina, tan realistas y perfectas.

Los marcapáginas, ilustrados haciendo uso de un simple bolígrafo Bic negro, la principal herramienta de dibujo de Marina, representan el rostro del Quijote, así como sus paseos con Sancho Panza por esos campos manchegos repletos de molinos de viento.

Post 70 - i Post 70 - j Marina G. Galietero tiene 26 años, nació en Mota del Cuervo (Cuenca) y es “Arquitecta por formación, diseñadora por adaptación y dibujante por vocación”. Estudió Arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia, y hace apenas un año que se licenció y regresó a su pueblo natal para probar suerte en el mundo laboral de la mano de sus dos pasiones: la arquitectura y el dibujo. A los ocho años ya empezó a interesarse por este arte, y no dejó de hacerlo ni durante sus años en el instituto y la universidad. Para Marina, dibujar es algo vital y se ha convertido en el método por el que mejor logra expresarse.

¿Os han gustado los marcapáginas que os he mostrado en este post? ¿Conocéis a otros ilustradores y/o artistas que también diseñen y elaboren sus propios puntos de libro?

Mujeres en blanco y negro

15 Jun

Hace algún tiempo os hablaba de que la poesía está de moda, pero también el sector de la ilustración, los cómics y las novelas gráficas está viviendo su momento de gloria. Aunque quizás lo más destacable de este nuevo boom editorial es que las protagonistas son, en su mayoría, ilustradoras jóvenes que han logrado hacerse un hueco en el mercado gracias, en parte, al poder de las redes sociales. Agustina Guerrero, Laura Santolaya o Ana Oncina son, entre otras, un buen ejemplo de ello, al igual que Sara Herranz y Sara Fratini, las estrellas invitadas en el post de hoy junto con sus mujeres en blanco y negro. Todas ellas comenzaron subiendo sus dibujos y reflexiones a sus blogs, a sus cuentas en Tumblr o a sus perfiles en Facebook, Twitter e Instagram, y hoy han visto cumplido su sueño de tener uno (o varios) libros publicados.

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La canaria Sara Herranz comenzó a dibujar tras finalizar sus estudios de Comunicación Audiovisual; ha trabajado para marcas como Oysho o Ron Barceló, y ha diseñado portadas para Alfaguara (A dos centímetros de ti) o Mondadori (Un buen chico). Finalmente fue Lunwerg la editorial que le permitió contar la historia de una de sus chicas en blanco y negro, con labios y uñas rojas, en una novela gráfica cuyo hilo narrativo gira en torno al amor, la pasión y el desamor de esas primeras relaciones.

Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí no solo sorprende por el realismo de unos personajes que te llegan a intimidar con su penetrante y seductora mirada, sino por los textos que acompañan y completan a las ilustraciones, repleto de sentencias y frases lapidarias, algunas irónicas y burlescas, que consiguen removerte un poco por dentro. Sara Herranz sabe escoger muy bien las palabras para hurgar en la herida, dar donde más duele o, simplemente, provocar una reacción, algo que también consigue con el ambiguo título del libro, con el que juega al despiste, y que va en consonancia con el final abierto de la historia.

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Sara Herranz afirma que hay mucho de ella en su ópera prima, pero lo cierto es que cualquier mujer se puede sentir identificada con la protagonista, con lo que vive y siente, así como con las mujeres en blanco y negro de Sara Fratini en La buena vida.

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Fratini nació en Venezuela, pero se licenció en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente, cursó sus estudios de ilustración en Francia. En la actualidad además de pintar murales a gran escala allí donde se lo piden, coordina el Festival Internacional de Cine de La Guarimba.

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En La buena vida podemos encontrar sus viñetas antiguas más características, pero también cuarenta ilustraciones inéditas, acompañadas de pequeños lemas, sobre las inseguridades, los sueños, los miedos, la indecisión ante la toma de decisiones o el exceso de preocupación por la belleza física. Las mujeres que dibuja Sara Fratini son curvilíneas, pero huyen de los complejos; toda una declaración de intenciones si tenemos en cuenta que en la Venezuela natal de la ilustradora, la cirugía estética, los tratamientos de belleza y las dietas están a la orden del día.

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La buena vida es una oda a la naturalidad, un derroche de optimismo que queda perfectamente resumido en la viñeta que abre el libro: “Cuando estés triste… ¡baila! Cuando estés feliz, ¡también!”. Este libro es, sin duda, la mejor medicina contra la baja autoestima, y el empujón necesario para dar rienda suelta a nuestros sueños.

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Y aunque aparentemente, las mujeres en blanco y negro de Sara Fratini poco tienen que ver con las de Sara Herranz, lo cierto es que ambas ilustradoras consiguen que nos veamos representadas en estos personajes llenos de amor, rencor, miedos y metas por alcanzar.

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